Escritos de una joven

Podeis llamarme Artemisa de momento aunque mi nombre no sea así. Soy una adolescente a la que le encanta leer. Y mucha gente me discrimina por eso. Mucha gente ve a los libros como un enemigo. Como algo contra lo que luchar, y sin embargo los libros nos hacen sabios, maduros, por no decir los bienes literarios que nos dan (Vocabulario, ortografía…) Lo que sobretodo me parece injusto, es que mucha gente tacha a los libros de “aburridos”,”largos” o “inútiles” sin nisiquiera haberlos leído. A lo mejor te leíste un libro que no te gustaba y pensaste que por eso todos los libros son así. Pero no. De hecho, a mí los libros y sus autores me han inspirado a escribir este blog, en el que publicare mis relatos y artículos de opinión. ¡Por los libros!

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Una aventura arriesgada I

¡Holaaa! Por fin he vuelto. Bueno, espero que me hayáis echado de menos, y que os guste esta serie de relatos que espero terminar… ¿os habéis fijado que nunca he terminado ninguna de las series que me he propuesto escribir? Por lo menos en esta ya llevo casi dos capítulos escritos y espero continuar ^^’.

Lysse se intentó liberar de las cuerdas que ataban sus muñecas, pero lo único que consiguió fue hacerse más heridas. Arriba oía golpes de los borrachos marineros noruegos que golpeaban la cubierta en un intento de bailar que, debido a su embriaguez fracasó estrepitosamente. Ella se imaginaba a los piratas con pata de palo, parches y loros en el hombro, pero su imaginación se alejaba mucho de la realidad. Los piratas eran crueles y despiadados. Masacraban ciudades enteras para llevarse el dinero y robaban a gente inocente asesinándoles después. Pero si les convenía hacían rehenes y les convertían en esclavos para cobrar un rescate. Claro que si se negaban a pagarlo les asesinaban. Y mientras les daban la comida y bebida mínima para sobrevivir. Pero sobrevivir era distinto a vivir. Sobrevivir con los piratas era una eterna tortura de hambre y sed, sufrimiento y cautividad. Lysse no perdió la esperanza. Escaparía o moriría encadenada. Pero si escapaba no volvería a su pueblo. No. No volvería a ser la esclava de su padre, de su madre y de las habladurías y rumores que circulaban por ahí. No, iría a una isla y se haría su casa allí sola, o podía ir a un pueblo de gente amable y bondadosa que la tratasen como a una más. Pero eso sí, si ninguna de las opciones funcionaba pensaba conseguir un barco y su propia tripulación y eliminar o encadenar a todos los piratas existentes.

Pasaron los días y las semanas. Lysse se hizo fuerte, y gracias al hambre se le avivaron los sentidos. Podía ver mejor que nadie, oler hasta lo casi inodoro y escuchar conversaciones de la otra punta del barco. También, gracias a las noches en vela que pasaba siempre, pudo entrenarse en agilidad, moviéndose con elegancia por las cuerdas y velas y escalando sin dificultades los tres mástiles del barco. Ya era casi insensible. había visto morir a cinco esclavos viejos y decrépitos de escorbuto, de gripe y hasta vio un leproso que tiraron por la borda del barco justo antes de comprar otro por miedo al contagio. Al principio tenía pesadillas pensando en ese viejo leproso. Pero viendo a los marineros arrancándose capas de suciedad confundiéndolas a veces con su piel muerta no era muy distinto. La verdad es que era repugnante, pero qué no se veía viviendo con los piratas.

Ella procuraba serle fiel al capitán, pero en las noches de motín tenía que abandonarlo o morir. Así funcionaban los piratas. Cuando querías beneficios te ganabas la confianza de alguien para luego apuñalarlo. No se podía confiar en nadie.

Lysse estaba ya impaciente. La tripulación había descendido considerablemente los últimos días. Lysse ya veía el próximo motín cercano, y más con el capitán borracho que tenían. Y sus predicciones se cumplieron. esa noche, los pocos que quedaban planearon un motín contra el capitán. Pero Lysse tenía un plan. Según el capitán sólo los separaban unos kilómetros de mar de la tierra. Y ella pensaba huir. En la confusión del motín cogió un bote y metió las provisiones que había guardado en un macuto. Cuando había bajado el bote con el sistema de poleas una gran distancia oyó una voz que decía:

-¡La prisionera se escapa! ¡Tú, ocúpate de ella!

Lysse corrió pero una figura saltó sobre el bote tambaleándolo y haciendo caer las provisiones. Era él. El joven guaperas que se había ganado a tantas chicas raptándolas o asesinándoles después. No, no iba a caer por su culpa. Le puso un pie delante de su pierna y le hizo tropezar. Después, le ató los brazos a la espalda y le tiró al fondo del bote, inmovilizado y completamente atado. Después bajó el bote y salieron a la mar. Empezó a remar ágilmente.

-Así no vas a durar mucho tiempo.-Le dijo algo socarronamente.

-Tú cierra el pico, idiota.-Le escupió. Lysse aborrecía a ese tipo.

-Vale, vale. Sólo comentaba.-Replicó él. Le miró con sus ojos verdes fijamente, pero Lysse sabía que era un intento de caer en sus redes y ella no iba a caer.

-Pues no lo hagas. Mantén el pico cerrado y así conservarás tu vida.

El chico la miró arqueando una ceja, y sonriendo negó con la cabeza. Lysse trató de contener sus ganas de tirarle por la borda y le ignoró. Siguió remando hasta que se hizo de noche. Entonces se tumbó en el bote y cerró los ojos.

El chico la miró e intentó quitarse las ataduras.

-No.-Le dijo con los ojos cerrados.-No lo hagas.

El joven la miró con el ceño fruncido y resignándose, cerró los ojos.

Cuando Lysse despertó estaba atada y con un pañuelo en la boca. El joven llevaba la barca mar adentro, alejándose de la tierra.

-¡Mmmmf!-Intentó decir Lysse.

-¡Anda, buenos días princesa! Llevas mucho tiempo dormida.

Lysse puso los ojos en blanco y gritó, exasperada. Se le pudo entender:

-¡Quítame… la… (Una palabra que es mejor no decir) … mordazaaa!

-Bueno, no nos enfademos princesa, sólo te mantendré calladita unas horas.

Una serie de maldiciones salieron difuminadas de la boca de Lysse.

-Vale, vale, está bien, te quitaré la mordaza. Pero antes has de prometer que te callarás o te tiraré al mar atada.

Lysse, conteniendo toda la ira y el orgullo acumulados asintió con la cabeza. Las suaves y hábiles manos del chico desataron su mordaza.

-Por cierto, me llamo Tyler. Encantado de conocerte.

Capítulo I: La misteriosa figura

¡Holaaa! He empezado una serie ficticia basada en el mundo de marvel. Vi un relato de una chica llamada Enni, que hizo uno parecido pero como si estuviera saliendo con Ironman. Pues a diferencia de las demás… esta serie SÍ tiene más capítulos que ya estoy haciendo. Espero que os guste, y sí… aquí se nota un poquito mi obsesión por Loki, que ha empeorado estos últimos días… Sólo espero que os imaginéis cada escena como si fuera una situación real. Poneros en el papel de esta chica, como si fuerais ella.

Cap 1.

Recuerdo que ocurrió hace no mucho. Yo era una chica que vivía con mi hermano pequeño sola en un modesto apartamento en Nueva York. Estaba jugando con él al ajedrez, cuando de repente, el techo se derrumbó, y una figura oscura cayó de él. Yo puse detrás de mí a mi hermano y me callé, aguardando en silencio. De repente, con un movimiento rápido, noté un empujón. Un hombre con un estrafalario traje y un casco con dos grandes cuernos dorados, escrutaba el rostro de mi hermano. Yo, en un ataque de instinto le grité:

-¡Déjalo en paz!

La figura no se inmutó y alargó su brazo hacia mí. Entonces sentí como si se me desgarrara el cuerpo. El dolor invadió cada diminuto espacio de mi cuerpo, pero sin hacerme daño alguno. Me retorcí de dolor y grité con todas mis fuerzas. Entonces la figura bajó el brazo y dejé de sufrir. Sentía el cuerpo como si me hubieran echado ácido encima, pero aún así, la cara asustada de mi hermano me dio fuerzas. Andando lentamente por el dolor, empujé a mi hermano y me interpuse entre él y la figura, abriendo mis brazos.

-Déjale. -Me di cuenta de que estaba llorando de dolor y de miedo. Me enjugué una lágrima, que la figura miró, como desconcertada.-Cógeme a mí.-Mi voz temblaba.

Pensé que me moría ahí mismo, pero me miró, ladeando la cabeza y estiró otra vez su brazo hacia mí, que miré horrorizada. Esta vez no me invadió el dolor, si no que sentí que mi cuerpo se movía sólo arrodillándose. Pero yo tenía fuerza de voluntad (y orgullo) y no permitiría que eso pasara. Así que, haciendo una fuerza que ni sabía que tenía, me intenté levantar. La presión hizo que acabara en una extraña postura, de pie con la espalda encorvada, haciendo presión hacia arriba, para evitar arrodillarme. El hombre compuso una sonrisa y pude ver bien su rostro. Tenía el pelo negro y largo y ojos profundos y azules verdosos, llenos de burla. Bajó el brazo, y no me dio tiempo ni a levantarme del todo cuando me agarró por la mandíbula y escrutó mi rostro.

-¿Crees que eres valiente?-Dijo con un deje de ira en la voz.

-N…no.-Respondí.-Tan sólo quiero protejer a mi hermano.

Con la mirada llena de odio, gritó salvajemente:

-¿QUIERES MUCHO A TU HERMANO? ¿EH? ¿LO QUIERES?

Yo no respondí, de lo asustada que estaba. De súbito me soltó y me inmovilizó con un extraño fuego verde. No podía moverme. Agarró a mi hermano con una sola mano. Levantó la otra, que tenía en su palma una bola del mismo fuego, mientras yo, sin poder desviar la mirada, intentaba gritar. Entonces lo mató. Vi su cuerpo inerte caer en el suelo, con los ojos aún abiertos.

De repente pude moverme y, desesperada, agarré el cuerpo de mi hermano. Grité y lloré, llamándole, pero no se movía. Sabía que estaba muerto pero aún así no podía creérmelo. De repente todo se volvió negro y me desmayé.

A salvo

Ni siquiera estaba deprimida, o tenía tristeza alguna. Estaba con una amiga en un autobús, rodeada de gente a la que tenía miedo, aunque la presencia de mis leales amigas y la música en mis oídos me tranquilizaba. Tenía una rara sensación en el cuerpo, me sentía expuesta. Y, como por instinto hice algo que debía haber hecho hace mucho tiempo. Me tapé la cara con mi cuello, hecho de piel de borrego falsa, para que nadie, ni siquiera mis amigas, pudiera ver mi cara y me acurruqué en el asiento del autobús en posición fetal. Me agarré las rodillas con los brazos, y apoyé mi cabeza en ellas. Una sensación de protección invadió todo mi cuerpo. Ya no me sentía expuesta, no sentía miedo. Sonreí en mi pequeña coraza. Ahora me sentía a salvo.

Por cierto, en este relato, cuando digo que la chica se puso su cuello en la cara no me refiero a que literalmente coja su cuello y se lo ponga en la cara😅. Aquí en España un cuello también es una bufanda circular que te pones alrededor del cuello, de ahí su nombre. Lo pongo por si acaso.

La melodía

No podía sacarme esa melodía de la cabeza. La melodía de aquella pobre violinista que se ganaba la vida tocando. Me había llegado al alma, y no sabía por qué.

“Yo era lo contrario a pobre por aquel entonces. Vivía solo con mi padre, porque mi madre había muerto en la guerra civil cuando yo tenía cinco años. Entraron en casa estando yo en un refugio y mi padre combatiendo y se la llevaron. No sabemos que fue de ella. Probablemente la fusilarían Al amanecer junto a los demás presos. Lo único que me quedaba de ella era un baúl con un candado, cuya llave no habíamos encontrado ni mi padre ni yo… y su piano. No lo usábamos mucho, pero de pequeño jugaba a músico y lo tocaba inventándome melodías desafinadas.

Cuando se terminó el instituto, volví a casa por un camino diferente del habitual. Intentaba relajarme después de tanto estrés por los exámenes. Me fui por un oscuro callejón, y un poco asustado, escuché una bonita melodía. Era muy melancólica y nostálgica. La seguí y me encontré con una señora que arrancaba las notas de la melodía a su violín. Era muy delgada y pálida. Tenía un gesto asustado. Yo, gentilmente le di unas monedas, que ella no rechazó, y sin quitarme los ojos de encima, siguió tocando. Me senté en un banco frente a ella, y cerré los ojos, dejándome llevar por la melodía. Fui transportado a mil lugares; esa música me hizo recuperar mil recuerdos olvidados. Sentía dolor, pero a la vez nostalgia y amor. Cuando abrí los ojos, me di cuenta de que estaba llorando. Asustado por esa melodía y los recuerdos que me había traído huí.

Cuando llegué a casa me tiré en mi cama e intenté sacar esa melodía de mi cabeza, pero lo único que conseguía era volverla a recordar. Ahora sentía menos dolor, pero aún así seguía siendo intenso. Traté poner por escrito la dichosa melodía en un papel, y lo conseguí. Me senté en el asiento del piano y toqué las primeras cinco notas. Sí, era la melodía. Pero de repente en el piano se oyó un ¡Clac! Y un cajón se abrió en la parte superior. Sorprendido, vi que en él había una llave dorada. Tenía el mismo diseño que el baúl de mi madre. Rápidamente lo saqué de debajo de mi cama y metí la llave. ¡Y se abrió! En él había un fajo con cartas, un diario y una caja de música. La abrí y le di cuerda. Una violinista giraba mientras la melodía que tanto me había hecho recordar resonaba en mis oídos.

Yo también tengo derecho-Concurso de Lulu_chan★

Yo también tengo derecho a vivir. Tengo derecho a elegir un camino, a ser feliz como tú lo has sido; a tener unos padres que me cuiden, a ir al colegio, a tener amigos, a crecer; a enamorarme, a que me rompan el corazón, a encontrar el amor de mi vida, a casarme, a tener hijos, a cuidarlos, a alimentarlos, a trabajar… tantas cosas que podría tener y tu me quitas… Pero lo que más me duele es que yo era tu hijo. Y no me trataste como tal… no me quisiste, no me cuidaste, no me educaste… me quitaste tantas cosas que pude tener, a tu lado… ¿Acaso no te importo? Me asesinaste como a un vulgar ladrón, como a alguien que no te convenía… ¿Y dices que es tu derecho? ¿Que es tu derecho asesinarme, y desgarrar mis sueños y oportunidades? ¿Que es tu derecho quitarme la vida? Y entonces mis derechos… ¿No importan?

Enamorada de mi ángel de la guarda

¡Hola de nuevo! Vuelvo con más relatos. Este lo escribí escuchando: The arena de Lindsey Stirling. Si lo escuchais mientras lo leeis pillaréis mejor su contenido… emocional.

Huir. Sólo quería huir. Huir de todo. De mi situación, de los demás… de mí misma… de mi cobardía. Y de aquella persona que me había hecho tanto daño. Corría y corría tan rápido como mis débiles piernas me permitían, con lágrimas que se derramaban por mis sonrojadas mejillas. Sólo podía pensar en él. Llegué al puente, y lo primero que se me pasó por la cabeza fue tirarme, pero tampoco pude, y me eché a llorar en la barandilla. Pensé que mi vida ya no tenía sentido, y llena de algo que no sé si fue valor o cobardía, me dispuse a tirarme pero justo cuando quise hacerlo algo me detuvo. Mejor dicho alguien. Alguien que había estado a mi lado todo este tiempo. Alguien al que ni siquiera había notado, que me había apoyado en los malos y los buenos momentos. Alguien, que me quería. Me cogió de la mano y me apartó del borde. Me dio un beso tierno en la mejilla, y se fue. No lo volví a ver. Nunca supe siquiera si era alguien real, porque mis recuerdos no me lo contaban, o era tán sólo mi ángel de la guarda, que acudía para ayudarme.

Ámate a tí misma

Lo primero os daré una explicación por haber tardado tanto. Me centré más en el dibujo (Con mi otro blog) que en escribir relatos cortos. Pero bueno, este año me inscribí en Excelencia Literaria (Concurso de relatos) y voy a volver a tope con más relatos! Aunque en el otro blog estaré más activa, dado que tardo menos en dibujar que en escribir. Gracias y… espero que os guste mi relato! Siento mucho la espera.

Estoy cansada de odiar lo que se refleja en el espejo. De pensar que estoy demasiado gorda, o delgada, que tengo el pelo demasiado largo o corto. Que soy muy pálida o morena. Que no soy lo suficientemente guapa, que tengo una espinilla aquí, que tengo mucho moflete, que tengo los ojos muy grandes, pequeños, saltones, hundidos… Dejémonos de tonterías. Hay que aprender a amarse a uno mismo. Dios te ha dado un cuerpo serrano para que lo luzcas, lo ames y lo cuides. No podemos dejar de comer porque seamos gordas, o comer un montón porque seamos delgadas. Ama a esa pivón que tienes dentro, no te ames por lo que hay fuera, si no por lo que hay dentro. Sé, que mucha gente no se cree lo que he dicho, pero más vale que un hombre te ame por lo que eres, defectos incluidos que un hombre que te ame por que eres guapa, o tienes buen cuerpo. En ese caso no será amor de verdad, si no deseo. Y ese amor durará lo mismo que un lacónico amor de verano. Te pueden hacer mucho más daño por ser “bien parecida” que por no serlo. Ámate a ti misma, deja de mirarte al espejo como a un enemigo que como a un amigo. Acéptate tal y como eres y serás mucho más feliz. Sonríe a la vida y la vida te devolverá la sonrisa.

Story Cubes Capítulo I “Hija de Zeus”

“Coge a las niñas y llévatelas al lugar más lejano y remoto que conozcas.”

Las órdenes de su señora le habían quedado claras a Sam. No le fallaría. Contaba con la ayuda de Ruby, que llevaría una de las niñas con ella.

-Están aquí.-Susurró Ruby. No se oía nada, pero Sam aguantó la respiración. Su corazón iba tan rápido que temía que se escuchase. Silencio… Sam tenía cada vez más miedo. Vio pasar con rapidez el reflejo de una melena rubia como la suya. Ruby respiro hondo y mirándola con sus profundos ojos castaños gritó:

-¡CORRE!

Sam corrió hacia el bosque tan rápido como sus delgadas pero ágiles piernas le permitían. Oyó un grito de dolor, pero se contuvo las ganas que tenía de mirar atrás. Una flecha aterrizó cerca de su pie. Otra le rozó el brazo rompiéndole la camisa, pero ella seguía corriendo. Pero a los pocos segundos pegó un grito de dolor que resonó por todo el bosque; una flecha le había alcanzado el hombro. La sangre se derramaba por su hombro mientras escuchaba los gritos de triunfo de las cazadoras, que se acercaban cada vez más. Sam calló de rodillas al suelo, apretando fuertemente el fardo que llevaba en los brazos. Las cazadoras le rodearon triunfantes. Pero Sam se convulsionó violentamente durante unos segundos. Las cazadoras retrocedieron asustadas. Y entonces, Sam soltó toda la energía contenida, haciendo caer rayos sobre las cazadoras, que sufrieron una fuerte descarga.

-Hija de Zeus…-La jefa de las cazadoras miraba a Sam con una mezcla de admiración, miedo y odio. Pero Sam se levantó, siguió corriendo con su fardo bajo el brazo y se perdió en la espesura dejando un reguero de gotas de sangre.

***

El párroco de Egea de los caballeros, un pequeño pueblo en el norte, estaba cerrando la iglesia. Le dio un beso discreto al Sagrario, hizo la genuflexión y cuando se disponía a abrir la puerta escuchó unos golpes en ella. La abrió y vio una joven de cabellos rubios y ojos azules con una flecha clavada en el hombro y un fardo entre los brazos. La sostuvo entre sus brazos y le preguntó:

-¿Estás bien?¿Qué ha pasado?

Pero ella no paraba de repetir lo mismo entre lágrimas y sollozos:-Cuídala por mí. Escóndela. Cuídala por mí. Escóndela…

El cura cogió el fardo y corrió al pueblo dejando a la joven tumbada en el suelo de la iglesia. Llamó al único médico del pueblo y le guió hasta la iglesia. Gracias a que era un pueblo pequeño, el médico llegó a tiempo para atenderla. La llevaron a la consulta e intentaron reponer su sangre perdida, pero ya había perdido demasiada.

-¿Se pondrá bien?-Preguntó el anciano cura.

-No lo sé. Nunca he visto una herida tan profunda, y sin embargo ha resistido. Todavía sigue viva, pero no creo que le quede mucho. Pero lo que más me ha desconcertado ha sido esto. Venga, se lo enseñaré.

El cura entró en la habitación. Sam descansaba en la cama. Su cara estaba pálida y sus ojeras y labios tenían un color azulado. El médico le enseñó el brazo ahora descubierto de Sam. Tenía un tatuaje con un rayo y una inscripción en griego antiguo.

-¿Me permites copiarla?-Preguntó el cura. El médico asintió.

Depués de copiarla el médico le enseñó el otro brazo. Tenía una marca con otra inscripción en griego antiguo, pero no era un tatuaje. Era una cicatriz.

-Es igual que las marcas que le ponen los pastores a su ganado.-Dijo con recelo.

-Sí, tiene usted razón.-Asintió el médico con su grave voz.- Y algo me hace sospechar que se lo hicieron de la misma manera.

-¿No se…?-Se horrorizó el cura.

-Sí, se lo hicieron al rojo vivo. Sea quien sea esta joven me parece que tiene un pasado que vale la pena investigar.

El cura asintió algo confuso. En verdad era la primera vez que veía algo así. Pero su tarea no era esa. Le pidió al médico que le dejara a solas con ella a lo que respondió afirmativamente.

Una vez a solas, el cura puso una mano sobre la de Sam y la despertó. Ella abrió los ojos confusa pero al ver de quién se trataba le sonrió.

-¿Tienes algo que confesar?-Le preguntó suavemente el cura. Sam asintió. Se susurraron un buen rato al oído y cuando terminaron y el padre le dio su bendición ella preguntó:

-¿Puedo verla?-El padre asintió. Le puso en los brazos el fardo, que abrió. Una hermosa niña con una semana de vida aproximadamente le lanzó una mirada de curiosidad con sus preciosos ojos azules. Sam le respondió con una sonrisa triste. La niña levantó la manita y jugueteó con los cabellos de Sam, que con los ojos llorosos murmuró:

-Gracias, padre.-Respiró entrecortadamente y recostándose sobre su cama, añadió:-Me pregunto dónde estará la otra.

Luego, murió. El padre cerró sus ya ciegos ojos y rezó una pequeña oración. Luego se retiró de la habitación con el fardo entre los brazos y se lo llevó.

La virtud de dar gracias

Dar las gracias. Si te fijas, tenemos un montón de cosas que agradecer. Hagamos un resumen de nuestro día a día:

1. Suena el despertador, nos despertamos. El sólo hecho de despertar es algo, eso significa que estás vivo. Cuantas personas han tenido una vida más corta de lo que querían. Da gracias a Dios por la vida. (No pasa nada si no eres cristiano, nadie es perfecto ;))

2. Apartas la sábana. Espera, ¿Tienes sábanas? Eso significa que tienes cama. Piensa en toda esa gente que no la tiene y tiene que dormir en el duro suelo.

3. Después te levantas. ¡Tío, te estás levantando! Piensa en esa gente que es paralítica y no puede andar. Aunque no lo sepas, tienes suerte.

4. Andas hacia la cocina. Guau… tienes cocina. O sea que tienes casa… vuelve a dar gracias y piensa en esas personas que no la tienen.

5. Te preparas el desayuno y te lo comes. Otra vez igual. ¡Tienes comida! Piensa en toda la gente que no la tiene, de lo afortunados que se sentirían si estuvieran en tu lugar.

6. Te vistes. Más de lo mismo. Tienes ropa. Y no os observo a través de la pantalla pero habrá gente que la tenga bonita. (¿A que sí?) Vuelves a dar gracias…

Total, que podríamos llenar una enciclopedia de las grandes con cosas que agradecer y no habríamos ni empezado. Siéntete afortunado por todo lo que tienes. No te quejes nunca. Mucha gente no tiene la mitad que tú y no se queja, tan sólo sonríen. También hay que pensar en tu padre, madre, marido, mujer, herman@, amig@… Seguro que algunos de ellos te han ayudado en algo y tú no te dignas ni a agradecerlo. Pero cuando tú haces algo por los demás y no se dan cuenta te enfadas o entristeces. Aprende a dar las gracias y verás cómo te dan gracias las personas a tu alrededor. Que empiezas a cambiar para mejor y tus amigos o familiares te valoran más. Porque eso es lo que tiene La virtud de dar gracias